Lista de precios de un salón de uñas: cómo sale el precio de cada servicio
Cómo calcular el coste de materiales y tiempo por servicio, por qué la hora de mesa es su verdadero producto y qué hacer con las reparaciones y los diseños.
La mayoría de las listas de precios de los salones de uñas no se han calculado: se han copiado del salón del barrio de al lado. El problema no es que el precio salga bajo; es que no sabe qué servicios le dejan dinero y cuáles hace gratis.
Calcular precios en esta profesión es más sencillo de lo que parece, porque solo tiene dos ingredientes: los materiales que se consumen y la hora de mesa. El segundo es el caro, y es el que casi nadie mide.
Paso 1: cuánto cuesta de verdad una hora de mesa
Reúna todos los gastos fijos mensuales: alquiler, luz, calefacción, internet, cotizaciones, gestoría, productos de limpieza, esterilización, suscripciones, publicidad, amortización de equipos (lámparas, torno, sillón).
Después cuente las horas realmente productivas del mes. No son las horas que está abierto. Son las horas en que hay alguien sentado en el sillón. Siendo realistas, rondan el 55–70 % del horario: hay huecos, retrasos, limpieza, pedidos, mensajes.
Ejemplo: 1.700 € de gastos fijos y 110 horas productivas al mes dan un coste por hora de 15,5 €, y eso antes de que usted se lleve un euro. Si se marca un sueldo objetivo de 1.400 €, el coste por hora sube a unos 28 €.
Paso 2: el coste de materiales por servicio
No hace falta precisión contable: hace falta sentarse una vez a medir rendimientos. Cuántas aplicaciones da un bote de builder, cuántas un top coat, cuántos rollos y limas se van por clienta.
- Divida el precio de cada producto entre las aplicaciones que rinde.
- Sume lo desechable: limas, buffer, bastoncillos, guantes, toallitas, acetona, papel.
- Sume el coste de esterilización por juego de herramientas.
- Redondee al alza. El coste de materiales de un semipermanente suele salir a 3–6 €; el de unas acrílicas, a 7–12 €.
Paso 3: el precio
Precio = (duración real × coste por hora) + materiales + margen. Con un coste por hora de 28 € y una aplicación que necesita 90 minutos y 5 € de materiales, su umbral está en 47 €. Lo que cobre por debajo de eso no es una oferta: es una pérdida.
Aquí se ve por qué la duración es la cifra clave. Un semipermanente de 60 minutos y uno de 100 minutos no son el mismo servicio, por mucho que se llamen igual. Si no anota el tiempo real de cada cita, su lista de precios se apoya en una sensación que casi siempre peca de optimista en unos 20 minutos.
Los cuatro puntos que se comen el beneficio
- La retirada. Es un trabajo de 15–25 minutos y casi siempre se regala. O entra en el precio o se cobra aparte: no hay tercera vía.
- Los diseños y el nail art. Se cobran por uña o por cada cuarto de hora, no como «un poquito más».
- Las reparaciones. Fije un plazo (por ejemplo, 5 días) dentro del cual una uña rota se arregla gratis. Fuera de ese plazo, se cobra. Por escrito, no sobrentendido.
- Los huecos por cancelaciones. Una cita vacía no cuesta materiales: cuesta la hora de mesa entera.
Bonos y suscripciones: cuándo salen a cuenta
Un bono de cuatro rellenos con un 10 % de descuento solo tiene sentido si le asegura citas programadas. El descuento no compra simpatía, compra previsibilidad: una agenda llena con cuatro semanas de antelación vale más que un 10 % en cada visita.
La regla: el bono reserva las citas en el momento de la compra. Un bono que «ya usaré en algún momento» es simplemente un descuento.
Qué revisar cada mes
- Ingresos entre horas productivas: su rendimiento medio por hora. Una cifra que lo dice todo.
- Qué servicio tiene el peor rendimiento por hora. Es candidato a una subida de precio o a una duración más corta.
- Porcentaje de huecos y de clientas que no se presentan.
- Coste de materiales como porcentaje de la facturación: si supera de forma constante el 15 %, hay algo mal calculado.
En NailPro, cada cita guarda su duración y su servicio, así que estas cuatro cifras salen de las propias citas que ya reserva, sin una segunda libreta.
Conclusión
No pregunte qué cobra el barrio. Mida cuánto cuesta su hora, cuánto dura de verdad cada servicio y cuánto material se va. El precio que salga puede ser el mismo que el del barrio, pero sabrá por qué, y sabrá qué servicio merece la pena impulsar.